Muchos concursos se han hecho alrededor del mundo eligiendo a la palabra más bella. Aunque pueda parecer un delirio infantil, a aquellos que nos gusta leer y escribir (o sólo leer, o sólo escribir), nos parece una propuesta lúdica y refleja gustos e intereses.
Paradójicamente, en el concurso organizado por el Instituto Cervantes, repartido alrededor del mundo, consistía en elegir la palabra más hermosa del español. ¡Terminó ganando "Querétaro"!, palabra proveniente de la cultura prehispánica.
No hay consenso respecto del significado de la palabra; si "pueblo grande", o "lugar del peñasco"; o, según la gente del concurso, "isla de las salamandras azules". Desde ya que el último significado es el más poético, pero también el menos certero...
"Escuela de escritores" realizó otro concurso en donde la palabra elegida fue "amor", seguida de "libertad", "paz", "vida" y "azahar".
Resulta muy interesante leer la lista de las palabras propuestas por gente que trabaja con ellas, que además muestran por qué las eligen:
http://www.escueladeescritores.com/invitados-especiales-palabras
Por otro lado, la revista alemana "Kulturaustausch" seleccionó la palabra más bella del mundo: "yakamoz". Proveniente del turco, esa breve palabra se usa para designar el reflejo de la luna en el agua. Otro perfecto ejemplo de palabra sin traducción, tal como mencionamos tiempo atrás en http://eselcuentodelabuenapipa.blogspot.com.ar/2011/10/palabras-parecidas-en-idiomas.html. Atrás quedaron "volongato" (caótico, proveniente de la lengua de una etnia africana llamada "Baganda"), y el portugués "saudade", entre otras.
En líneas generales, las letras "m" y "l" suelen estar presentes entre las palabras elegidas. En la mayoría de las ocasiones, el significado de una palabra es el determinante para ser seleccionada y votada. Y, en otras, el sonido rítmico o la manera en que suena (como "caracol", o "lapislázuli") motivan su voto.
¿Ustedes qué proponen? ¡Bienvenidas las propuestas más originales!
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sábado, 30 de junio de 2012
La palabra más linda
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domingo, 9 de octubre de 2011
Palabras parecidas en idiomas diferentes
Alguna vez leí que “Ultra” era una palabra particular debido a que significaba lo mismo en más de un idioma. Globalización mediante, hay muchas palabras que adquirieron un status cuasi universal (video, saudade, …). En el particular caso de “saudade”, la palabra se ha hecho popular debido a que no tiene una exacta traducción al español. En el caso de las palabras inglesas, sabemos que el predominio económico de países de habla anglosajona es la causa de su popularidad.
Pero estas palabras están en boca de cada día más personas. A las que haré referencia esta vez es a palabras que forman parte de lenguas no tan populares o globalizadas. Con una particular curiosidad desde el ámbito de la antropología. Porque son palabras que han llamado la atención por su parecido, y pertenecen a idiomas hablados en zonas geográficas muy alejadas, que ha permitido suponer que han tenido un contacto entre sí y hace mucho tiempo las culturas a las que ellas pertenecen.
La primera vez que escuché sobre esta temática me la refirió mi abuelo. En particular, él me señaló que la manera de designar “flor” en un idioma oriental era muy similar al nombre de una flor típica de la provincia de Catamarca. Y habría otras similitudes entre el japonés y algunas palabras de los pueblos originarios de lo que actualmente serían las regiones medias de Chile y las provincias de Catamarca, Jujuy y Salta de Argentina. Inclusive, me contó una curiosa anécdota. Cierta vez un amigo de él de la provincia de Catamarca se encontraba en Buenos Aires. Tenía rasgos aborígenes típicos de la gente del norte de Argentina: ojos rasgados, piel cobriza, pelo muy negro. Subió a un colectivo de línea, y al hacerlo, desde el fondo, una pareja de orientales lo saludaban, reconociéndolo como a un compatriota.
La revista “Muy Interesante” de este mes sacó una nota respecto de las teorías que indican la llegada a América de otros pueblos previo al intento de Cristóbal Colón de llegar a la India. Allí menciona hallazgos de este tipo: el antropólogo chileno José Miguel Ramírez detectó que los maoríes de Nueva Zelanda y los mapuches que habitaron parte del territorio argentino y chileno tienen un juego similar al hockey de césped, que es llamado “pai pai” por los primeros, y “palin” por los segundos. Se ha observado que las canoas chilenas y tahitianas tienen similitudes no sólo en su forma, también en su designación -kialu y kialoa-.
También ha llamado la atención de mi madre, al estudiar el idioma mapuche, ver que justamente la expresión “che” significa “gente”; expresión adoptada por los argentinos para dirigirse a una persona en un ámbito informal sin llamarlo por su nombre. De hecho, una teoría sostiene que la famosa expresión tendría ese origen. También en el sur de Brasil se utiliza el “che”, sólo que se escribe “tche”, con el acento tipo “sombrerito” del idioma portugués, en este caso siendo un aporte del idioma guaraní, en donde significa “mi” o “yo”, pero que antepuesto a la persona a la que quiere dirigirse ubica a la palabra en el fin para el que hoy se la utiliza: “che patrón”, “che señora”.
Pero la curiosa manera en que se relacionan los idiomas y se popularizan palabras o expresiones merece ser mencionada en un post. Les prometo más material cuando lo consiga.
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lunes, 15 de agosto de 2011
¿Cómo se dice...? I
¿Pagado o pago?
¿Extinguido o extinto?
El primero nos trajo dolores de cabeza en un trabajo de hace unos años cuando una compañera mostró su punto de vista: "suena mal pagado; para mi que se dice pago". Me había olvidado del cuestionamiento, cuando de golpe anoche, entrando en el sueño, me entró dudas por el segundo de los interrogantes.
Ambas palabras son válidas: esto es, existen como tales. Pero una es un participio y la otra, el adjetivo. Es decir, dependerá de su ubicación en una oración o de aquello de que viene acompañada para determinar si corresponde una u otra. Y se usará una u otra dependiendo de lo que se quiera decir:
- "Ya me han pagado el trabajo" y "Este es un trabajo pago";
- "Estuvo hasta que hubo extinguido el fuego" y "El fuego por fin se encuentra extinto".
Por eso, cuando digan "he imprimido el documento", y aunque nos suene "raro", lo debemos dejar pasar.
Les dejo algunos casos más para tener en cuenta:
Frito y freído
Bendecido y bendito
Maldecido y maldito
Presumido y presunto
Corrompido y corrupto.
¡Hasta el próximo blog!
¿Extinguido o extinto?
El primero nos trajo dolores de cabeza en un trabajo de hace unos años cuando una compañera mostró su punto de vista: "suena mal pagado; para mi que se dice pago". Me había olvidado del cuestionamiento, cuando de golpe anoche, entrando en el sueño, me entró dudas por el segundo de los interrogantes.
Ambas palabras son válidas: esto es, existen como tales. Pero una es un participio y la otra, el adjetivo. Es decir, dependerá de su ubicación en una oración o de aquello de que viene acompañada para determinar si corresponde una u otra. Y se usará una u otra dependiendo de lo que se quiera decir:
- "Ya me han pagado el trabajo" y "Este es un trabajo pago";
- "Estuvo hasta que hubo extinguido el fuego" y "El fuego por fin se encuentra extinto".
Por eso, cuando digan "he imprimido el documento", y aunque nos suene "raro", lo debemos dejar pasar.
Les dejo algunos casos más para tener en cuenta:
Frito y freído
Bendecido y bendito
Maldecido y maldito
Presumido y presunto
Corrompido y corrupto.
¡Hasta el próximo blog!
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miércoles, 10 de agosto de 2011
"El hombre duplicado", de José Saramago
Hace un par de días terminé de leer el libro del título. Impresionante, con la boca abierta me dejó, como todos los libros de este escritor, que no deja de sorprenderme en las situaciones insólitas que plantea. Saramago tiene por costumbre no nombrar a sus personajes; pero en este libro su protagonista, Tertuliano Máximo Afonso (sí, Afonso y no Alfonso) y varios otros personajes son conocidos con nombre y apellido. Profesor de historia que un día descubre una persona exactamente igual a él sin tener vínculo de sangre, el protagonista va abriendo debates con sus acciones tendientes a buscar e investigar a su duplicado en una inmensa ciudad y sin que María Paz, su novia; el profesor de Matemáticas, su colega; y Carolina Afonso, su madre, sepan la causa de su inquietud y sus alteraciones de la rutina.
El libro transcurre tranquilo, sumergiéndonos en debates sobre distintos temas, que a lo largo de las semanas que encaré la lectura me deleitaron pensando en, por ejemplo, la postura del protagonista de enseñar la historia de delante hacia atrás y no desde atrás hacia delante; la comparación de los afluentes de un río con la participación de actores secundarios en las películas; el análisis sobre la festividad de un descubrimiento hecho en un fin de semana, ya sea buscado o no, y con la participación de varias o una sola persona; las abruptas apariciones (y desapariciones ante resultados infructuosos) del Sentido Común (así, en mayúscula), que hace pensar y rever situaciones a Tertuliano, que generan un ping-pong de preguntas, respuestas e intercambio de opiniones exquisito; y por último, y el que me motivó una re-lectura, su disquisición sobre la creación y el destino de las palabras: el por qué de crearlas, el proceso de comprender que era necesario crearlas, para qué crearlas, delimitar su significado, imaginar las consecuencias de designar algo como esto o aquello, y seguir sufriendo las consecuencias de designarlo así, inclusive de que dos vocablos expresen lo mismo. En fin, que él lo hace mucho mejor que yo, los invito a que hojeen sus páginas. Pero rescato esta idea de la lengua viva; la palabra que nace para designar algo y luego se diluye en el tiempo y en los usos y lo que nació para designar algo con el tiempo va cambiando y designa otro objeto, otra idea, otra acción.
Finalmente, en las últimas páginas el desenlace es rápido, vertiginoso, los hechos se suceden con rapidez, y el final apenas puede ser previsto.
Una delicia.
El libro transcurre tranquilo, sumergiéndonos en debates sobre distintos temas, que a lo largo de las semanas que encaré la lectura me deleitaron pensando en, por ejemplo, la postura del protagonista de enseñar la historia de delante hacia atrás y no desde atrás hacia delante; la comparación de los afluentes de un río con la participación de actores secundarios en las películas; el análisis sobre la festividad de un descubrimiento hecho en un fin de semana, ya sea buscado o no, y con la participación de varias o una sola persona; las abruptas apariciones (y desapariciones ante resultados infructuosos) del Sentido Común (así, en mayúscula), que hace pensar y rever situaciones a Tertuliano, que generan un ping-pong de preguntas, respuestas e intercambio de opiniones exquisito; y por último, y el que me motivó una re-lectura, su disquisición sobre la creación y el destino de las palabras: el por qué de crearlas, el proceso de comprender que era necesario crearlas, para qué crearlas, delimitar su significado, imaginar las consecuencias de designar algo como esto o aquello, y seguir sufriendo las consecuencias de designarlo así, inclusive de que dos vocablos expresen lo mismo. En fin, que él lo hace mucho mejor que yo, los invito a que hojeen sus páginas. Pero rescato esta idea de la lengua viva; la palabra que nace para designar algo y luego se diluye en el tiempo y en los usos y lo que nació para designar algo con el tiempo va cambiando y designa otro objeto, otra idea, otra acción.
Finalmente, en las últimas páginas el desenlace es rápido, vertiginoso, los hechos se suceden con rapidez, y el final apenas puede ser previsto.
Una delicia.
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