En estas épocas en que tan en boga se encuentra la narrativa erótica de la mano de la trilogía de Erika Leonard James ("Cincuenta sombras de Grey", "Cincuenta sombras liberadas" y "Cincuenta sombras más oscuras"), buenos tiempos son para rememorar clásicos.
Terminé, hace ya un tiempo, de leer el libro del título de esta entrada, "El amante de Lady Chatterley". También con pasajes eróticos, rescato dos aspectos del libro. Uno -quizás el más frívolo, pero no por eso menos apasionante-, el lado erótico, con ciertos pasajes cargados de detalles de escenas amorosas, pasionales y llenas de ardor, en donde los instintos y la espontaneidad son las estrellas.
El otro, esa rebeldía de los protagonistas frente al orden instaurado, que los hace mensajeros de pensamientos profundos, algunos de los cuales fui expresando en los posts anteriores. Reflexiones sobre el avance del capitalismo, hecho que en el lugar en donde transcurre la historia se materializa a través del avance de la actividad minera y la desigualdad entre ricos y pobres. Pensamientos sobre la hipocresía entre las clases altas y bajas. Y en contraposición a todo ello, la soledad de los personajes y la fuerza de las costumbres y los hábitos que justifica dejar rienda suelta a sus instintos.
Si lo buscan, al ser un clásico, pueden encontrarlo en internet de forma gratuita.
En http://elespejogotico.blogspot.com.ar/2008/11/dhlawrence-poemas.html pueden descargar otras obras del autor.
Dato: esta obra del autor estuvo censurada en su país de origen, Inglaterra, hasta 1960 -aún cuando su autor la escribió en 1928-. No hace tanto, ¿no?
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jueves, 4 de octubre de 2012
"El amante de Lady Chatterley", de D. H. Lawrence
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miércoles, 12 de septiembre de 2012
Más de "El amante de Lady Chatterley"
Hoy les traigo un extracto más del libro "El amante de Lady Chatterley", de D. H. Lawrence. Disfruten... y reflexionen.
“Cuando el último hombre de verdad haya muerto y estén todos domesticados: blanco, negro, amarillo, todos los colores domesticados, entonces estarán todos locos (…). Se inmolarán el uno al otro.
-Quieres decir que se matarán?
-eso es, patito! Si seguimos al ritmo actual, en cien años no quedarán mil personas en esta isla, quizás ni diez siquiera. Se habrán eliminado amorosamente el uno al otro.
(…)
Si un hombre pudiera decirles: pensad en algo que no sea el dinero. Necesitar es poco lo que de verdad se necesita. Dejad de vivir para el dinero…
(…)
Vivamos para otra cosa. Dejemos de vivir para ganar dinero, ni para nosotros ni para nadie. Ahora estamos forzados a hacerlo. Nos vemos forzados a ganar un poco para nosotros y un montón para los amos. ¡acabemos con ello! Paso a paso, acabemos con ello. No es necesario matarse ni esforzarse. Paso a paso, acabemos con la vida industrial y volvamos atrás. Bastaría con una cantidad insignificante de dinero. Para todo el mundo, para mí y para vosotros, para los dueños y los amos e incluso para el rey. Casi no hace falta dinero. Basta con decidirlo y ya ha salido uno del callejón.”
D.H. LAWRENCE – El amante de Lady Chatterley.
Salut!
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lunes, 30 de julio de 2012
Las novelas, según Lawrence
Actualmente estoy leyendo un clásico, "El amante de Lady Chatterley", de D. H. Lawrence. Les contaré más cuando lo termine...
Les traigo un extracto genial sobre las novelas... casi autorreferencial:
"(…) incluso la sátira es una forma de simpatía. Es la forma en que nuestra simpatía fluye y refluye lo que realmente determina nuestras vidas. En esto reside la enorme importancia de la novela cuando el tratamiento es el adecuado. Puede informarnos y trasladar a nuevos lugares el curso de nuestra consciencia solidaria, o puede hacer que nuestra simpatía se repliegue como rechazo a las cosas que han muerto. Por eso la novela, con un tratamiento adecuado, puede poner al descubierto los recovecos más secretos de la vida: porque son los lugares pasionalmente secretos de la vida, por encima de todo, los que la marea de la conciencia sensible debe cubrir y dejar al descubierto, limpiar y refrescar.
Pero la novela, como el cotilleo, puede también excitar simpatías y rechazos ilícitos, mecánicos y letales para la mente. La novela puede glorificar los sentimientos más corrompidos, siempre que sean convencionalmente “puros”. En ese caso la novela, como la maledicencia, acaba estando viciada y, como la maledicencia, tanto más viciada en cuanto que siempre está de modo ostensible del lado de los ángeles.
(…) por esta razón el cotilleo era humillante. Y por la misma razón la mayoría de las novelas, especialmente las populares, son humillantes también. Actualmente el público responde sólo positivamente cuando se apela a sus vicios."
D.H. LAWRENCE – EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY
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